El día del lanzamiento de Flávio Bolsonaro a la presidencia de Brasil difícilmente será olvidado. El sábado 25 de julio, el presidente argentino, Javier Milei, subió al escenario de la convención del Partido Liberal (PL) en São Paulo y llamó ‘presidiario’ y ‘ladrón’ a su homólogo Luiz Inácio Lula da Silva. A su lado, sonriendo, estaba el hombre a quien había ido a bendecir: el hijo de Jair Bolsonaro, senador por Río de Janeiro y elegido candidato por esa colectividad por decisión de su padre, que lo ungió desde una celda de la Policía Federal en Brasilia. Dos días después, Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires: la foto que debió sellar el lanzamiento de su aspiración terminó abriendo la primera crisis diplomática seria entre los dos países desde que Milei asumió.
LEA TAMBIÉN

Ese fue el debut formal de Flávio Bolsonaro como candidato al Palacio de Planalto. Más allá de Argentina —donde se lo conoce por ser el ‘hijo de’—, en Brasil no es una figura del todo definida. Ni siquiera entre los evangélicos, el bloque más duro del bolsonarismo. “El electorado evangélico todavía no conoce en su totalidad a Flávio, como sí conocía a su padre”, afirma a La Nación de Argentina Sóstenes Cavalcante, pastor y líder del PL en la Cámara de Diputados, uno de los armadores de su campaña.
El electorado evangélico todavía no conoce en su totalidad a Flávio, como sí conocía a su padre
Sóstenes CavalcanteLíder del PL en la Cámara de Diputados.
El contendiente de Lula en las elecciones presidenciales de octubre tiene 45 años, nació el 30 de abril de 1981 en Resende, interior de Río de Janeiro, y es el mayor de los hijos de Jair Bolsonaro. Por eso le dicen ‘01’: el código, de tradición militar, que su padre usó para numerar a sus hijos según el orden de nacimiento.
Se graduó de abogado y a los 21 años ya era diputado estatal por Río de Janeiro. Dentro del clan cumple una función específica desde hace años, de acuerdo con el politólogo Maurício Santoro, profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). “Es conocido por ser la persona más educada de la familia, la más agradable en el trato personal. Cuando Jair Bolsonaro era presidente, hasta embajadores extranjeros se acercaban a él a través de Flávio”, señala el analista. Es, dice Santoro, el vocero natural, el que hace de puente.
LEA TAMBIÉN

Ese rol irrumpió con fuerza el 6 de septiembre de 2018, cuando su padre fue apuñalado en un acto de campaña en Juiz de Fora. Esa noche, Flávio Bolsonaro —hasta entonces un diputado de segunda línea— se convirtió en la voz oficial de la familia: dio los primeros partes médicos por Twitter (hoy X) y declaró ante la prensa que acababan de elegir “al nuevo presidente”. Su papá, eventualmente, fue elegido y fungió en el cargo entre 2019 y 2023.
El senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente (2019-2022) Jair Bolsonaro Foto:AFP
Su agenda
Antes de ser el ‘heredero’, Flávio Bolsonaro construyó 16 años de trayectoria en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. Una investigación de Folha de S. Paulo sobre más de 12.000 discursos suyos entre 2003 y 2018 encontró que el 68 por ciento giraban en torno al tema de la seguridad pública, contra apenas 1 por ciento dedicado a salud y 2 por ciento a educación. En 2018 se convirtió en el senador más votado de la historia de Río, con más de 4,3 millones de votos. Según Santoro, eso marca “sin duda un triunfo” para su campaña: la seguridad es la bandera de mayor peso del bolsonarismo y un terreno donde Lula no logra buenos resultados.
Sin embargo, esa bandera es más retórica que concreta: de las 62 propuestas que presentó como autor principal en sus siete años como senador, 32 —más de la mitad— fueron sobre seguridad pública, pero ninguna se convirtió en ley. En total, solo dos de sus proyectos fueron aprobados por el Senado y todavía esperan su trámite en la Cámara de Diputados, según la empresa de noticias UOL. Es una productividad legislativa casi idéntica a la de su padre, que en sus 30 años como diputado —antes de ser presidente— logró aprobar apenas dos de 171 proyectos presentados.
LEA TAMBIÉN

Esa bandera convive con la estrategia de campaña de mostrarlo como un “Bolsonaro moderado”, capaz de captar al elector descontento con el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, pero reacio al bolsonarismo más radical. “Siempre pidieron un Bolsonaro más moderado. Yo siempre fui así, soy ese Bolsonaro más equilibrado, centrado”, dijo a empresarios en diciembre pasado.
En esa caracterización coinciden las fuentes consultadas por La Nación de Argentina. Sóstenes Cavalcante lo define como “una persona más equilibrada y más articulada políticamente” que su padre, al tiempo que aclara que también es más reservado.
Waldir Ferraz, amigo de tres décadas de la familia y antiguo asesor político, lo resume con menos diplomacia: “La diferencia es que Flávio es más articulado, es de ese tipo más político. Jair Bolsonaro no aceptaba ayuda de nadie”. Y agrega que esas cualidades tienen un costo: “Cuando eres articulado, alguien siempre quiere sacarte algo”.
LEA TAMBIÉN

Pero la estrategia electoral de figura moderada no está exenta de dificultades. En las últimas semanas, su candidatura no solo no creció, sino que perdió terreno. Las encuestas de fin de julio son unánimes: BTG/Nexus lo ubica en 33 contra un 42 por ciento de Lula en primera vuelta y pronostica un 43 a 47 por ciento en el balotaje, mientras que para Quaest cayó a su peor número del año: 37 por ciento.
Frente a este escenario, Santoro plantea: “Lo que está pasando es un retorno a esa agenda más tradicional del bolsonarismo, inclusive con los ataques a las urnas electrónicas”.
Lo que está pasando es un retorno a esa agenda más tradicional del bolsonarismo, inclusive con los ataques a las urnas electrónicas
Maurício SantoroProfesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro
La grieta se hizo visible cuando un juez del Supremo Tribunal Federal (STF) le prohibió visitar a su padre por 90 días. Poco después de esa decisión, el candidato endureció el discurso contra el STF y ante una platea de embajadores en Brasilia puso en duda, con informaciones que resultaron ser falsas, la integridad de las urnas electrónicas que se usarán en los comicios de octubre, repitiendo el libreto de su padre.
El ungido
Su candidatura se construyó desde la cárcel. El 22 de noviembre de 2025, el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes decretó la prisión preventiva de Jair Bolsonaro después de que Flávio publicó un video convocando a una vigilia frente al domicilio del exmandatario en Brasilia. Tres días más tarde, quedó firme la condena a 27 años por la trama golpista de 2022, la primera vez que un expresidente ha sido condenado en Brasil por delitos contra el Estado democrático. Semanas después, desde la cárcel, Jair Bolsonaro escribió una carta en la que ungía a su hijo mayor como su sucesor.
LEA TAMBIÉN

No fue sin roces. Según reconstruyó el medio Jota, también aparecía el nombre de Eduardo, el tercer hijo de Bolsonaro, que fue condenado por el Supremo Tribunal a cuatro años de cárcel por intentar interferir en el proceso contra su padre por intento de golpe de Estado (específicamente por su lobby en EE. UU. para que interfiriera a favor de Jair Bolsonaro en su proceso judicial) y que hoy se encuentra por fuera del país.
El político brasileño Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Foto:AFP
Eduardo, considerado el más radicalizado de los hijos del expresidente, llegó a decir que él sería candidato, aunque el mensaje real era que solo toleraría a Flávio.
Waldir Ferraz lo cuenta de forma más directa: “El candidato, en un principio, iba a ser Eduardo. Pero con su salida a Estados Unidos, las cosas fueron diferentes”. Y remata: “Está cumpliendo una misión que el padre determinó porque si no, habría otro en su lugar”.
Las sombras
La gestión de Flávio como diputado no estuvo exenta de polémicas. Cuando estuvo en ese cargo enfrentó el escándalo conocido como ‘rachadinha’, que consistió en el desvío de sueldos de asesores fantasma en su equipo de trabajo (2007-2018), presuntamente lavados vía inmuebles y una franquicia de chocolates. La causa nunca llegó a juicio: se anularon las pruebas centrales, recolectadas sin respetar el fuero parlamentario, la protección especial que tienen los legisladores brasileños frente a ciertas investigaciones. El caso se cayó por un tecnicismo procesal, no porque un tribunal lo haya declarado inocente.
LEA TAMBIÉN

También en mayo, The Intercept Brasil publicó audios en los que aparece la voz de Flávio Bolsonaro negociando con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master —hoy preso y acusado de liderar lo que el propio ministro de Economía brasileño calificó como el mayor fraude bancario en la historia del país—, el pago de 134 millones de reales para financiar Dark Horse, una película biográfica de su padre.
El golpe para la campaña fue mayor porque, horas antes de que salieran los audios, Flávio había negado públicamente conocer a Vorcaro. Hoy está formalmente investigado por el STF por este episodio. “El gran error para mí fue ese: mintió, porque dijo que no lo conocía”, admite Waldir Ferraz.
Una encuesta de Atlas Intel encontró que el 64 por ciento de los brasileños creen que el hecho dañó su imagen.
La aproximación de Flávio Bolsonaro con Milei, con quien ya se había reunido a fines de junio en la Quinta de Olivos, en Argentina, responde a una estrategia más amplia. Según Maurício Santoro, se trata de presentar al candidato de Brasil como parte de una ‘ola conservadora’ regional, que promueve Milei, con la ambición declarada de tejer una suerte de liga continental. Pero el analista relativiza el alcance de la maniobra: “No creo que los discursos de Milei vayan a hacer que Flávio gane o pierda muchos votos”.
LEA TAMBIÉN

De la misma forma, la familia Bolsonaro ha explotado su proximidad con Donald Trump, una relación que según sondeos le viene jugando en contra a partir de los nuevos aranceles del 25 por ciento a productos brasileños impuestos por Estados Unidos. Flávio Bolsonaro viajó a reunirse con Trump y le pidió postergar cualquier discusión del tema hasta octubre, algo que cayó mal entre sectores económicos y reavivó el discurso de protección a la soberanía de Lula.
Los Bolsonaro mantienen relación estrecha con Donald Trump. Foto:EFE
De puertas para adentro
Su mujer, Fernanda Bolsonaro, es dentista. Se conocieron en una excursión a Bahía y se casaron en 2010. Tienen dos hijas, Luíza, que nació en 2012, y Carolina, en 2014. En enero, la familia viajó a Israel e hizo un “bautismo simbólico” en el río Jordán, uno de los pocos indicios de que su fe evangélica se practica puertas adentro y no es solo un gesto de campaña.
Pero en la intimidad familiar también existen tensiones. En junio pasado se hizo público un conflicto con Michelle Bolsonaro, la esposa de su papá, ex primera dama y la voz con más rédito electoral propio: ella denunció en un video haber sido “maltratada” por Flávio en una discusión sobre los apoyos del Partido Liberal en las elecciones estatales y parlamentarias, que también se celebrarán en paralelo con las presidenciales de octubre. Días después, él dijo no tener más relación con ella.
En la antesala de la oficialización de su candidatura, Flávio le pidió disculpas a Michelle y llamó a la unidad de la derecha brasileña. Aunque ella aceptó las disculpas, el episodio resume una contradicción: el hijo que mejor negocia hacia afuera es el que menos logra, hacia adentro, mantener unido lo que su padre sí supo sostener.
LEA TAMBIÉN

Flávio Bolsonaro llega a los comicios de octubre con el piso heredado de su padre y un pasado judicial cuestionado. La moderación puede ser su mejor carta, pero debe saber cómo jugarla. También llega con una paradoja de fondo: la misma bandera internacional que iba a ser su activo —Trump y el aval de la nueva derecha continental— puede terminar siendo, como advierte Maurício Santoro, “un regalo político para Lula”, que le permite presentarse como el defensor de la soberanía frente a un candidato que, para gran parte de su propio electorado, todavía es solo el ‘hijo de’. Tiene dos meses para que su nombre gane autonomía y confianza.
MARCELO SILVA DE SOUSA
Para La Nación (Argentina) – GDA
Publicado por Autor El Tiempo