El experimentado líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, quien este año concluye su tercer período presidencial (los dos primeros, consecutivos, fueron entre 2003 y 2011), estaba confiado en imponerse en la primera vuelta del domingo y dar un paso firme hacia su cuarto mandato.
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En la noche de la jornada electoral, rodeado de seguidores en el gran salón de un hotel en el centro de São Paulo, confesó, al conocer los resultados, que “estaba convencido de ganar las elecciones en primera vuelta”.
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Algunas encuestas alimentaban su optimismo, como la última de la firma Datafolha, el sábado en vísperas de la votación, que lo daba ganador con el 45 por ciento, contra 42 por ciento del opositor de la derecha populista, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, preso por su papel en un intento de golpe de Estado hace cuatro años, cuando perdió la presidencia contra Lula.
Más allá de las cifras absolutas de los sondeos, la clave que no supo leer el dirigente izquierdista que este mes cumple 81 años fue la dinámica al alza que Bolsonaro registraba en las encuestas de las semanas recientes, y que lo llevó a ganar la primera vuelta 47 por ciento contra 45 por ciento, con más de dos millones de votos de ventaja sobre Lula, de un total cercano a los 120 millones de sufragios.
Con el rostro cansado y la mirada un tanto vidriosa, en la noche del domingo Lula intentaba animar a sus seguidores y, en referencia al fútbol que tanta pasión despierta en Brasil, les decía: “Vamos a ganar el partido, estamos en la prórroga”. Pero el ambiente en su cuartel general no era festivo.
En cambio, desde su casa en Río de Janeiro, un exultante Bolsonaro jr. anticipaba el final de la era del PT, que ha gobernado en Brasil casi 20 de los 26 años de este siglo. Habrá que esperar hasta el 25 de octubre, cuando a la noche el Tribunal Electoral divulgue los resultados de la segunda vuelta, para saber quién tiene la razón.
Lula, obligado a jugar el partido de vuelta
Luiz Inácio Lula da Silva vota en un colegio electoral en la ciudad de São Bernardo do Campo. Foto:EFE
Si Lula sale derrotado, la elección marcará un lánguido final para la ola rosa que, en menos de 30 años, llevó a la presidencia a líderes de izquierda en Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia, los diez países iberoamericanos del sur del continente.
La ola se extendió a México en 2018, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador y, en 2024, de su sucesora, Claudia Sheinbaum; y a Centroamérica, donde la izquierda ha gobernado en este siglo en Guatemala y Honduras, así como en Nicaragua, donde se ha eternizado la dictadura de Daniel Ortega.
El socialismo del siglo XXI: así bautizó esta tendencia Hugo Chávez, quien gobernó a Venezuela desde 1999 hasta 2013, cuando murió de cáncer. Sus aliados y herederos proliferaron: Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Ollanta Humala y Pedro Castillo en Perú, Fernando Lugo en Paraguay y Gustavo Petro en Colombia.
En Chile, la izquierda socialdemócrata de los presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet fue sustituida por la más radical de Gabriel Boric, elegido en 2021, mientras en Brasil Lula y Dilma Roussef y en Uruguay Tabaré Vásquez, José Mujica y el actual, Yamandú Orsi, representaron una corriente más moderada, pero en todo caso de izquierda.
Del chavismo al fenómeno Milei: el giro político de la región
La izquierda latinoamericana enfrenta dificultades para mantenerse viable. Foto:Connectas
El giro de la región a la derecha comenzó con la victoria de Javier Milei en Argentina, en noviembre de 2023, un cuarto de siglo después del primer triunfo de Chávez, a fines de 1998. El economista bonaerense, que tenía entonces 53 años, representa un estilo diferente al de los tradicionales líderes de la derecha de Suramérica.
“Es la otra cara de Chávez, populista igual que el venezolano, con un lenguaje pendenciero hacia sus adversarios y con poco respeto por los asuntos internos de sus vecinos, con la diferencia de que, en vez de ser un estatista y un socialista, es un liberal radical, un libertario, como él mismo se define”, le explicó a EL TIEMPO un diplomático europeo experto en la región.
El viraje se acentuó año y medio después con la reelección en Ecuador de Daniel Noboa, quien ganó la segunda vuelta de las presidenciales de abril de 2025, con el 55 por ciento de los votos.
En octubre siguiente, el centroderechista Rodrigo Paz rompió la hegemonía de 20 años del partido MAS de Evo Morales: ganó con el 54,9 por ciento de los votos. Dos meses después, un derechista más radical —José Antonio Kast— ganó en Chile, con más de 58 por ciento en la segunda vuelta.
Es la otra cara de Chávez, populista igual que el venezolano, con un lenguaje pendenciero hacia sus adversarios y con poco respeto por los asuntos internos de sus vecinos
Y en junio de 2026 vinieron los triunfos de Keiko Fujimori en Perú y de Abelardo De La Espriella en Colombia. Seis triunfos en línea, con una sola excepción: la victoria de Orsi en Uruguay, en noviembre de 2024.
El ocaso de la ola rosa en América Latina
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025, la relación del mandatario con América Latina se ha caracterizado por una descarada intervención en sus campañas electorales. Y no le ha ido mal.
Como señalaba la plataforma europea de análisis geopolítico Le Grand Continent, “desde 2025, candidatos aliados o alineados con Trump han ganado las votaciones presidenciales en siete países de Centro y Suramérica”.
A las victorias derechistas en las presidenciales de Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y Colombia, Trump puede sumar los triunfos de Nasry Asfura en Honduras, en noviembre pasado, y de Laura Fernández en Costa Rica, en febrero.
La gran ironía es que, si bien candidatos cercanos a Trump se han impuesto en casi todas las elecciones de América latina entre 2025 y 2026, el inquilino de la Casa Blanca está al punto de sufrir una estruendosa derrota en las elecciones congresionales de su país, en menos de un mes.
Brasil entra en territorio de empate
Vota el candidato a la presidencia de Brasil, Flavio Bolsonaro. Foto:EFE
Conscientes de la importancia de la elección en Brasil, no solo para ese país sino para la región, los analistas se volcaron este lunes en las encuestas. De siete sondeos realizados en los 10 días previos a la primera vuelta, Bolsonaro jr. aparece arriba en cuatro, en el escenario de segunda vuelta, mientras Lula gana en tres.
En todos los casos hay ventajas de un punto porcentual o incluso menos, lo que los encuestadores llaman un empate técnico. Pero, una vez más, el impulso que lleva el opositor puede ser definitivo para la derrota de Lula. Además, el Partido Liberal de Bolsonaro y sus aliados aseguraron este domingo las mayorías en el Senado, así como una bancada muy fuerte en la Cámara, una confirmación del giro derechista de los electores.
¿Cómo se repartirán los votos de quienes ocuparon los lugares 3, 4 y 5 de la votación del domingo, que suman 6,5 puntos porcentuales?
Con cifras de Datafolha, el diario Folha de São Paulo resumía la situación: “Entre quienes votaron por Augusto Cury, el 39 por ciento se inclinaría por Bolsonaro y el 30 por ciento optaría por Lula (…). Entre los electores de Ronaldo Caiado, el 44 por ciento elegiría al candidato del PL y el 27 por ciento votaría por el actual presidente (…). Entre los electores de Renan Santos, el 51 por ciento prefiere a Bolsonaro en segunda vuelta y el 19 por ciento optaría por Lula…”.
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La base muestral de estos segmentos es pequeña, y los porcentajes deben leerse con cautela.Pero, como señalaba el analista y corresponsal de El Mundo de Madrid en Suramérica, Sebastián Fest, “la derecha dura tiene un pie y medio en el Palacio del Planalto, (pues) Bolsonaro dispone de abundantes fuentes para obtener los tres puntos que le faltan para llegar al 50 por ciento y ser presidente”.
Lula, agregaba Fest, tiene muy difícil sumar los cinco puntos que necesita para llegar a 50 por ciento, porque los votos que fueron a otros candidato son “mayoritariamente de derechas”. A 18 días de la votación definitiva, las apuestas se inclinan por Bolsonaro jr., quien, aunque claramente instalado en la derecha, ha sabido transmitir un discurso más moderado que el de su padre, con algunas promesas de corte socia.
Si consigue ganar, pondrá el último clavo en el ataúd de la ola rosa del siglo XXI en la región. Y por la importancia de Brasil, el país más grande y más poblado de América Latina, y su principal economía, no es exagerado decir que se trata de un clavo de oro.
Publicado por Autor El Tiempo