
31 Jul, 2026 12:53 p. m.Actualizado: 31 Jul, 2026 04:41 p. m. EST
Una noche de marzo, los vecinos de Festus, Missouri, llenaron cada silla de la sala del concejo municipal. Habían llegado a oponerse a un centro de datos de USD 6.000 millones que amenazaba con transformar su ciudad de 13.000 habitantes, al sur de St. Louis. Nadie sabía aún quién operaría la instalación. El concejo votó de todas formas: seis a dos, a favor.
Días después, esos mismos vecinos fueron a las urnas y borraron del mapa político a los cuatro concejales que estaban en período de reelección. Uno con ocho años de trayectoria perdió por más de 40 puntos. La participación electoral se duplicó.
Lo que pasó en Festus ya no es una anécdota local. Es la señal más clara de cómo el rechazo a los centros de datos de inteligencia artificial —las instalaciones que almacenan y procesan la información que alimenta herramientas como ChatGPT— se convirtió en uno de los ejes que definirán las elecciones de mitad de período de noviembre de 2026.
Solo el 14% de los estadounidenses apoyaría la construcción de un centro de datos en su comunidad, según una encuesta de Reuters/Ipsos de junio de 2026. Es uno de los índices de aprobación más bajos registrados en cualquier tema de política pública en años recientes.

La velocidad del giro es igual de llamativa. A mediados de 2025, los estadounidenses estaban divididos casi en partes iguales sobre si querrían uno de estos proyectos cerca de su hogar. Para la primavera de 2026, el 71% se oponía, según seguimientos trimestrales del sitio de noticias Heatmap. Los analistas del The New York Times lo describieron como el cambio de opinión más rápido que han visto en la política estadounidense en mucho tiempo.
Ese nivel de rechazo, sostenido y transversal, es el que está empujando a candidatos de ambos partidos a estructurar sus campañas en torno al tema.
Lo que hace de este asunto un problema político de primer orden es quiénes se oponen: prácticamente todos.
Ryan Wagner, republicano del movimiento MAGA en Kalkaska, Michigan, se alió con el activista ambiental Seth Barnard para combatir un centro de datos planeado en su ciudad. “Hemos sido enemigos por mucho tiempo, pero cuando se trata de nuestros patios traseros, nos damos cuenta de que somos la misma gente”, le dijo Wagner a The New York Times.
Una encuesta del Yale Program on Climate Communication de junio de 2026 cuantifica esa ruptura partidaria: el 53% de los republicanos conservadores se opone a la construcción de estos centros en sus comunidades. Entre los demócratas liberales, ese rechazo llega al 74%. El 58% del total de votantes registrados comparte esa posición.
A esa base se suman líderes religiosos y sindicatos. Liz Shuler, presidenta de la AFL-CIO —la mayor federación sindical del país—, fue directa en la convención del mes pasado: “Para todos los candidatos que ya están corriendo para presidente en 2028: si quieren ocupar el cargo más alto del país, escuchen estas palabras: los trabajadores deben ir antes que los algoritmos”.
Las razones concretas que citan los vecinos en las asambleas municipales son dos: el agua y la electricidad.
Un solo centro de datos de tamaño mediano puede consumir tanta agua como 1.000 hogares. En estados del oeste que ya enfrentan sequías históricas y acuerdos de emergencia para mantener el flujo del río Colorado, esa cifra tiene un peso político inmediato.
En Utah, los comisionados del condado aprobaron un proyecto de 16.187 hectáreas —el doble del tamaño de Manhattan— proyectado para consumir más electricidad que la que usa actualmente todo el estado. La sesión fue tan tensa que los comisionados abandonaron la sala y la terminaron de forma remota.
En Virginia, el mayor polo de centros de datos del mundo con más de 660 instalaciones, el porcentaje de votantes cómodos con tener uno de esos proyectos cerca cayó del 70% en marzo de 2023 al 35% en marzo de 2026, según The Washington Post y la Schar School. Los desarrolladores del mayor proyecto propuesto en el condado de Prince William —un campus de 850 hectáreas— se retiraron por completo en abril tras años de oposición vecinal.
En Texas, Ohio, Arizona y Nueva York, candidatos de ambos partidos ya construyen sus mensajes de campaña alrededor del tema.
En Ohio, el candidato demócrata al Senado Sherrod Brown lanzó un anuncio televisivo que ataca al senador republicano John Husted como “la cara de los centros de datos en Ohio”. En Texas, la candidata demócrata a la gobernación Gina Hinojosa calificó los proyectos como un “salvaje oeste sin reglas” ante 160 asistentes en Amarillo.
En Granbury, Texas, los residentes presentaron peticiones para destituir al alcalde y a varios concejales tras la anexión de terrenos para un nuevo centro de datos. “Tienen que comunicarle a los políticos locales que están muy molestos y que sus puestos están en riesgo”, dijo uno de los organizadores a ABC News.
Nueva York se convirtió en el primer estado en imponer una moratoria de un año a la construcción de nuevos centros de datos de gran escala, una medida que el presidente Donald Trump atacó públicamente y calificó como un golpe a la economía local.
Trump firmó en diciembre de 2025 una orden ejecutiva para bloquear las leyes estatales de regulación de la inteligencia artificial, con instrucciones al Departamento de Justicia de impugnar esas normas en los tribunales. El 25 de julio de 2026 anunció compromisos de desarrolladores y compañías eléctricas para no aumentar las tarifas de electricidad —una concesión directa a los temores ciudadanos—, aunque en el mismo evento instó a los gobernadores a vender la idea a sus comunidades.
“No pueden luchar contra esto. Tienen que ir con ello”, les dijo a los funcionarios locales reunidos en la EPA (Agencia de Protección Ambiental, por sus siglas en inglés). “Si no toman ese dinero, alguien más lo hará”.
Desde la industria, las respuestas no han ayudado a calmar los ánimos. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, defendió el consumo energético de la inteligencia artificial comparándolo con criar a un ser humano: “Se necesita mucha energía para entrenar a un humano. Son como 20 años de vida y toda la comida que comes durante ese tiempo antes de que te vuelvas inteligente”.
Alex Karp, de Palantir, fue más escueto ante sus inversores: “Esto es una revolución. Algunas personas pueden perder la cabeza”.
Mientras tanto, más de la mitad de los proyectos de centros de datos previstos para 2026 están retrasados o cancelados, según Economy Media, por cuellos de botella en la red eléctrica y el encarecimiento de componentes importados de China, Corea del Sur y México a raíz de los aranceles comerciales. La industria avanza, pero el terreno político bajo sus pies se mueve en sentido contrario.
Publicado por Autor Infobae