En apenas una semana en el cargo, el presidente Abelardo De La Espriella ya tomó varias decisiones en materia diplomática que evidencian un cambio de rumbo en la política exterior del país, con un alineamiento hacia Estados Unidos e Israel y un alejamiento de una tradición de la diplomacia colombiana basada en el multilateralismo y el acatamiento de las decisiones y marcos de Naciones Unidas.
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La primera señal de este giro se produjo el 10 de agosto, pocas horas después del terremoto que sacudió al país, cuando la Cancillería anunció que “reconocía la soberanía” de Israel sobre los Altos del Golán, región que ese país ocupó en 1967, tras la Guerra de los Seis Días, y anexó unilateralmente en 1981, determinación no reconocida por la ONU. Colombia se convirtió así en el segundo país, después de Estados Unidos, en reconocer la soberanía israelí sobre el territorio.
El secretario general de la ONU, António Guterres, junto al presidente de Siria, Ahmed al-Sharaa. Foto: EFE
Sin embargo, esta interpretación fue rechazada de inmediato por Siria, que llevó una nota de protesta a la ONU y calificó la decisión de Bogotá como una “flagrante violación” de la Carta de Naciones Unidas. La misiva fue enviada al secretario general de la organización, António Guterres, y al presidente del Consejo de Seguridad, organismo del que Colombia hace parte.
La reacción internacional fue inmediata. Mientras la medida fue celebrada por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien agradeció el respaldo de Colombia, así como por el ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Sa’ar, que la calificó de “histórica”, también provocó un rechazo inmediato de la Liga Árabe y de países como Catar, Jordania, Kuwait e Irak.
Dicha declaración carece de efecto jurídico y no tiene valor alguno para determinar el estatus del Golán ni la soberanía sobre él

Nabil FahmySecretario General de la Liga Árabe
“Dicha declaración carece de efecto jurídico y no tiene valor alguno para determinar el estatus del Golán ni la soberanía sobre él”, manifestó el secretario general del organismo, Nabil Fahmy, quien también instó al Ejecutivo colombiano a “retractarse de esta declaración y rectificar su postura”.
Al rechazo se sumaron Egipto y Arabia Saudí, miembros de la Liga Árabe, que manifestaron que la postura de Colombia “no contribuye al logro de la paz” en Medio Oriente.
¿Torpeza o apuesta por defensa de intereses nacionales?
La decisión también generó cuestionamientos en Colombia. El exsenador Humberto de la Calle calificó como una “torpeza” el reconocimiento de los Altos del Golán y diferenció esta decisión de la reanudación de relaciones con Israel.
“Una torpeza lo de Altos del Golán. Una cosa es reanudar relaciones con Israel. Error la embajada en Jerusalén y meter la mano en Golán en contravía de la comunidad internacional. Tuvimos el protagonista altisonante por Gaza durante cuatro años. No queremos otros cuatro de un aspirante a prócer del Golán”, dijo.
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Para la internacionalista y profesora de la Universidad de los Andes Sandra Borda, se trata de una decisión innecesaria que no parece responder a una solicitud de Estados Unidos, sino a un intento del Gobierno de reconstruir la alianza estratégica con Israel.
“Es un intento de reconstruir una alianza estratégica con Israel que se perdió durante el gobierno pasado, pero haciendo uso de unas concesiones que son casi una sobreactuación. Yo creo que podemos tener una alianza estratégica con Israel sin necesidad de incurrir en una política exterior que básicamente nos va a dejar aislados del resto del mundo”, dijo en diálogo con Caracol Radio.
Para Borda, con esta decisión se comete un error similar al de la administración de Gustavo Petro, al introducir elementos ideológicos en el ejercicio de la política exterior.
“Me parece un convencimiento de carácter ideológico, tremendamente alineado con los intereses de Israel, que ciertamente no satisface ni representa los intereses nacionales del país”, agregó.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Foto: EFE
Una lectura similar sobre el giro de la política exterior hace el internacionalista y profesor de la Universidad Javeriana Manuel Camilo González, quien considera que la decisión también marca una ruptura con una tradición de la política exterior colombiana de acatamiento de las decisiones de Naciones Unidas.
“Colombia, de alguna forma, siempre ha respetado los fallos e incluso las declaraciones y resoluciones de Naciones Unidas. Aquí se pone del otro lado a, por ejemplo, actores como la Unión Europea y países árabes con los que había relaciones consolidadas”, explicó en diálogo con EL TIEMPO.
No obstante, desde la perspectiva de Andrés Villegas, consultor y abogado en Derecho Internacional, la decisión responde a una estrategia más amplia de reorientación de las prioridades de la política exterior colombiana, centrada en recomponer alianzas consideradas estratégicas y buscar resultados concretos en términos diplomáticos, de seguridad y cooperación.
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“El Gobierno busca tres cosas: reconstruir la confianza bilateral con EE. UU.; recuperar una relación de seguridad con Israel que durante décadas ha sido fundamental para el Estado colombiano, no ideológica; y, con Marruecos, diversificar hacia África con un socio estable. Es una política exterior de prioridades, donde, en lugar de dispersarse con todos los actores, Colombia concentra el capital diplomático a la espera de retornos tangibles”, señaló.
El cambio de rumbo de Colombia con Israel
Lo cierto es que la decisión se inscribe en una serie de movimientos que apuntan a un replanteamiento más amplio de la relación de Colombia con Israel. El nuevo Gobierno también anunció el traslado de la embajada de Colombia de Tel Aviv a Jerusalén, en medio del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel. El traslado había sido anticipado en julio, después de la reunión en Washington entre Bula y Sa’ar, y posteriormente fue confirmado por el presidente De La Espriella.
El ministro de Relaciones Exteriores, Omar Bula, junto al canciller de Israel, Gideon Sa’ar. Foto: EFE
En la misma línea, Colombia anunció su retiro de la intervención en el caso impulsado por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, que investiga posibles crímenes de guerra en Gaza.
Detrás de este giro hay también un interés del Gobierno de De La Espriella en volver a colocar a Israel como un socio clave en materia de seguridad, inteligencia y tecnología. El acercamiento se hizo visible desde la posesión presidencial, a la que asistió un rabino y durante la cual se escuchó la frase “Viva Israel”.
Es una política exterior de prioridades, donde, en lugar de dispersarse con todos los actores, Colombia concentra el capital diplomático a la espera de retornos tangibles
Andrés VillegasConsultor y abogado en Derecho Internacional.
La normalización de la relación bilateral puede facilitar, según el Gobierno, la recuperación de una cooperación que durante años fue relevante para las Fuerzas Militares y de Policía colombianas, especialmente en áreas que son cruciales para la lucha contra grupos armados y el narcotráfico.
El giro también tiene un componente económico concreto: el Gobierno prepara un decreto para levantar la prohibición de exportar carbón colombiano a Israel, una de las medidas adoptadas por Gustavo Petro tras la ofensiva israelí en Gaza. La decisión permitiría recuperar un mercado que había sido relevante para los productores colombianos y constituye otra señal de la intención de reconstruir la relación bilateral.
El giro se extiende al Sáhara Occidental
El cambio de rumbo, sin embargo, no se limita a la relación con Israel. Paralelamente, la Cancillería decidió reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental —al igual que Estados Unidos, Israel y Francia— y congelar las relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en un cambio que el Gobierno justifica como acorde con el derecho internacional y la Resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad.
La República Árabe Saharaui Democrática que reclaman el territorio del Sahara Occidental. Foto: EFE
Dicha resolución impulsa el plan de autonomía marroquí como base de negociación, aunque no reconoce la soberanía de Marruecos ni elimina el principio de autodeterminación del pueblo saharaui.
El Gobierno añadió que esta reorientación busca fortalecer los vínculos con Marruecos mediante una relación bilateral de largo plazo, alineada con los intereses del país.
Sobre la decisión de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, Borda considera que también responde a la búsqueda de un alineamiento político con gobiernos afines, sin que, a su juicio, haya habido suficiente tiempo para evaluar las implicaciones de la medida.
“Marruecos es un aliado fuerte, no solamente del Gobierno de Israel, sino del actual Gobierno de Estados Unidos. Entonces, insisto, estamos tomando decisiones muy poco reflexionadas, porque se acaban de posesionar. ¿Cuánto tiempo tuvieron para darle la vuelta a esto y mirar qué implicaciones tiene hacia adelante? Estamos tomando la decisión simplemente porque tenemos una simpatía de carácter político e ideológico con esos gobiernos, sin saber cuánto van a durar”, añadió Borda en su conversación con la emisora Caracol.
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Más allá de las implicaciones diplomáticas, la decisión también puede tener una dimensión económica para Colombia, particularmente por las oportunidades que Marruecos representa como puerta de entrada a mercados africanos. Así lo plantea Villegas, quien destaca el potencial del país norteafricano.
“Con Marruecos también se abre una puerta muy valiosa al comercio, la inversión, el turismo y el desarrollo del sector agrícola. Marruecos es uno de los principales exportadores de fertilizantes del mundo y, como tal, sería una pieza clave para dinamizar el agro colombiano y contribuir a la seguridad alimentaria del país. En últimas, es una puerta a mercados africanos donde Colombia tiene presencia casi nula. Para ilustrar el punto, en 2025 las exportaciones colombianas hacia África representaron apenas el 1,27 % del total de las ventas externas. Esto es ínfimo, más aún si se considera que África es un continente que supera los 1.500 millones de habitantes. El fortalecimiento con Marruecos es, entonces, un fortalecimiento con África”, afirmó.
Otro de los puntos que genera cuestionamientos es que algunas de las definiciones de política exterior del nuevo Gobierno hayan sido conocidas o anunciadas primero desde el exterior. Es el caso de la intención de Colombia de salir de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, que fue mencionada por Nate Morris, nominado por Estados Unidos como embajador en Colombia, durante una audiencia ante el Congreso de ese país.
En ese sentido, el expresidente Ernesto Samper, por su parte, pidió al presidente De La Espriella convocar la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, un órgano consultivo en el que participan los expresidentes, para discutir el rumbo que tendrá la política exterior durante el nuevo Gobierno.
El nomimado embajador de EE. UU. en Colombia, Nate Morris. Foto: @TheNewsTrending/X
En conjunto, las decisiones adoptadas en los primeros días del Gobierno muestran que no se trata únicamente de un acercamiento bilateral a Estados Unidos, Israel o Marruecos, sino de una redefinición más amplia de las prioridades de la política exterior colombiana.
La administración De La Espriella parece dispuesta a privilegiar alianzas en materia de seguridad, defensa, tecnología y comercio, incluso cuando ello implique apartarse de posiciones que Colombia había mantenido frente a territorios cuyo estatus continúa siendo objeto de disputa en el sistema internacional.
CAMILO A. CASTILLO – Subeditor Internacional – X: (@camiloandres894)
(*) Con reportería de Juan Pablo Penagos, de Política.
Publicado por Autor El Tiempo