esclavos felices, por A. R. Lombardi Boscán

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¿Y si el real propósito de la vida es no tener propósitos? La vida animal más simple es un reflejo de la armonía.

El bienestar puede que sea una ilusión. La química de nuestro cerebro, en un instinto de sobrevivencia ya no biológica sino moral, nos desvía a ráfagas del tormento del aburrimiento y de la nada. Aunque sin mapas ni brújulas.

Es por ello que el frenetismo es la divisa de los tiempos de hoy en la aldea global bajo el predominio de lo digital.

Como el tiempo «vuela» hay que vivir con la intensidad de un desesperado. Ya el hedonismo no es el calmo disfrute de los placeres de la existencia sino una desaforada carrera de cien metros.

Descansar; no hacer nada; contemplar la naturaleza o sencillamente observar un clavo perdido en el suelo: es un acto subversivo. Un hedonismo sin culpas ni reproches.

El «conócete a ti mismo» socrático es un proyecto siempre fallido porque el ser humano es incapaz de leer su propio enigma.

La paz es en realidad llenar un vacío que nunca se llena. La «sociedad del cansancio» (Byung-Chul Han) impone las pautas de una autoesclavitud bien guiada por los algoritmos y la igualación imaginaria con los otros.

esclavos felices, por A. R. Lombardi Boscán

Muy especialmente, con aquellos, que tienen lo que nosotros deseamos (René Girard). Nunca nos basta nada. Siempre estamos insatisfechos.

El «capitalismo de vigilancia» (Shoshana Zuboff): «es un concepto de economía política que denota la recopilación y mercantilización generalizada de datos personales por parte de las corporaciones».

Nos diseccionan y condicionan. Invierten el concepto de libertad convirtiendo esa misma libertad en nuestra sumisión. Esclavos por decisión propia.

¿Quién sería capaz hoy de desechar «su teléfono inteligente» aun sabiendo que nos constriñe, manipula y vigila toda la privacidad tanto la pulcra como la obscena? Además de conocer nuestras opiniones políticas y de cualquier naturaleza. La Gestapo se quedó en pañales. Y Orwell reivindicado.

El teléfono inteligente es tan inteligente que manipula nuestras creencias y anhelos anclados a las cuentas bancarias de Google, Amazon, Facebook y Elon Musk.

El ayuno digital sería la prueba más heroica de nuestra completa libertad. Sólo que nadie encuentra segundas intenciones en un artilugio tan sofisticado y «bueno». Es indudable que hoy pasamos mucho más tiempo en la matriz digital que en la propia realidad.

Según Epicuro el hedonismo es para «quien abogaba por alcanzar un placer duradero a través de la moderación y la sabiduría».

Para las corporaciones mundiales del entretenimiento y el consumo es otra cosa muy distinta: la despersonalización de la especie humana. La rendición de la humanidad a sus instintos más vulgares. La cosificación perfecta.

*Lea también: Dopamina digital: La tiranía del «me gusta», por Rafael A. Sanabria M.

 

Ángel Rafael Lombardi Boscán es Historiador, profesor de la Universidad del Zulia. Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ. Premio Nacional de Historia. Representante de los Profesores ante el Consejo Universitario de LUZ

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