La democracia imaginada se construye con votos – Efecto Cocuyo

La democracia imaginada se construye con votos – Efecto Cocuyo

Pongamos sobre la mesa la cartografía que ha trazado la transición en Venezuela. Ni siquiera nos pondremos preciosistas con eso de que estamos o no en transición. Lo cierto es que quien había sido arropado por las instituciones oficialistas como presidente del país, ya no está. Es una verdad como un templo, prueba de ello es el triunvirato que hace vida en Miraflores al día de hoy, con planes nuevos y distintos a los de su causahabiente. 

Lo cortés, no quita lo valiente. De modo que se pueden reconocer cambios sustanciales que provocan un cierto entusiasmo en la gente: alegría por los presos liberados, contentura porque hoy se puede acceder a varios portales digitales sin necesidad de VPN, cierto regocijo por la promesa de un nuevo Poder Judicial, pero, el sabor sigue siendo amargo porque son medidas que parecen un favor y no la génesis de una transformación institucional. Aparte que la prudencia política invocada termina pareciendo el secuestro de la soberanía. 

Nuestra comunidad imaginada. Para Benedict Anderson, autor del libro Comunidades imaginadas (1983), nos imaginamos como una comunidad, como un país, porque compartimos rituales colectivos en un mismo tiempo y espacio, y eso sostiene una identidad que nos hermana, aunque en realidad nunca nos sentemos todos a tomar café en la misma mesa. El ritual no es solo desayunar con arepas o apostarle a la Vinotinto a fuerza de puro “mano, tengo fe”; ni el nostálgico rito dominguero de salir a comprar todos los periódicos y leerlos echados en la sala de casa. 

Un ritual que compartimos históricamente se centra en las jornadas electorales, nos organizamos para participar, para cuidar el voto, para formar al electorado, para promover candidaturas que nos representen, para vigilar y hacer contraloría al ganador. Es el proceso material para mostrar la democracia.  Tras años de diáspora, polarización y desarticulación, la jornada electoral es uno de los pocos rituales capaces de rearmar la imagen de un país unido en el mismo tiempo y espacio. 

Con Anderson reivindicamos el principio fundacional de la nación como comunidad soberana e igualitaria, y es esa la bandera de la sociedad civil venezolana movilizada dentro y fuera del país, para reimaginarnos, para desmontar la polarización y la fragmentación social a través de encuentros, relatos compartidos y acción colectiva dirigida a la pluralidad y a la democracia. En el fondo, se trata de impedir que desde arriba se imponga la aceptación de recomponernos, lograr legitimidad, estabilidad económica y sociopolítica sin elecciones. 

La transición sin alivios. Hoy, mientras se lleva a cabo la tercera ronda de la mesa de diálogo, el ambiente se debate entre el escepticismo y la incertidumbre. Varios hechos evidencian que las verdaderas negociaciones ocurren fuera de esa mesa paritaria, pero siguen arrastrándose tres grandes deudas: no hay un cronograma electoral a la vista, las mejoras de la macroeconomía no terminan de aliviar la asfixia de la microeconomía ciudadana, y el andamiaje punitivo sigue intacto, despojándonos de verdaderas garantías de no repetición.

¿Cómo mantenemos viva la imagen de que pertenecemos a una misma comunidad y tenemos un destino compartido?   

En su diagnóstico, Benedict Anderson, nos indica que el Estado (históricamente el colonial) usó tres herramientas para clasificar y controlar a las poblaciones: el censo (encasillar a la gente), el mapa (delimitar el territorio como un logotipo) y el museo (decidir qué historia se recuerda y cuál se olvida). 

En este contexto local y actual, nos toca a todos: a cada ciudadano, a la sociedad civil en su conjunto apropiarnos democráticamente de esas tres herramientas: La sociedad civil puede apropiarse democráticamente de estas tres herramientas: el censo, mapa y museo. 

El censo ciudadano se ancla a la empatía: escuchar las necesidades reales de las comunidades, apoyar las iniciativas del trabajo colaborativo sin encasillar con etiquetas rígidas o sesgos de distintos tonos. 

El mapa vivo. Mapear las fortalezas locales, las redes comunitarias y problemas desde la base de cada comunidad, sin esperar el diagnóstico burocrático y centralizado. 

El museo inclusivo. Mantener la memoria viva, visibilizar las historias que han sido marginadas y censuradas, promover la diversidad cultural como riqueza y no como frontera o línea divisoria entre un ellos y aquel nosotros.

En varias columnas nos hemos atrevido a ensayar ideas para una comunidad imaginada soberana y con equidad. Dejo acá la lista de asuntos vitales que guiaron la ruta desde el primer artículo.

1. La elección como proceso legítimo integral. No dependen en su totalidad de una reforma judicial previa, ni de reformas legales, tampoco se limita a decidir sobre la automatización completa o el sistema híbrido (con voto manual y el resto del proceso automatizado). Básicamente requieren de una voluntad política comprometida constitucionalmente con la transición hacia la democracia, en ese plano, la elección dota a todo el proceso de suficiente legitimidad para refundar las instituciones, y no al revés.

2. La agencia de la ciudadanía activa. Cada persona y toda organización civil es un actor pasivo y capaz, debe eludir el ánimo de considerarnos mirones de palo. Luego, todos debemos presionar sin esperar que las decisiones de una mesa paritaria o tutelas externas (vía Washington o élites locales) nos digan cómo pensar o qué símbolos nos restan capacidad para imaginarnos como comunidad orgánica. 

3. Exigencia de garantías inmediatas y desmantelamiento punitivo. No hay que esperar la fecha de una elección para empezar a hacer lo que hay que hacer: abogar por el cese de la judicialización de los partidos políticos, la derogación de la llamada Ley contra el Odio, de la ley secretista de antibloqueo y la ley de regularización de las ONG, sólo por nombrar algunas. 

A pesar de las deudas del presente y la incertidumbre de la mesa de diálogo, la nación persiste en la terquedad democrática de su gente. El ritual electoral volverá, porque es nuestro punto de encuentro para una comunidad imaginada que tiene gobiernos con votos.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

De la misma autora: Institucionalidad y garantías electorales

Publicado por Autor Efecto Cocuyo

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