Desde que Daniel Noboa, presidente de Ecuador, anunció en enero que impondría una “tasa de seguridad” a las exportaciones colombianas que llegan a su país, como forma de compensar la supuesta falta de apoyo y contundencia de Gustavo Petro en la lucha contra el narcotráfico en la zona fronteriza, se inició una crisis política, diplomática y comercial entre ambas naciones.
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Ante la decisión de Noboa de gravar en un 30 por ciento los productos nacionales, que calificó como estrategia de presión al gobierno colombiano, Gustavo Petro respondió suspendiendo los acuerdos de transmisión de energía (equivalentes al 10 por ciento de la demanda ecuatoriana), necesarios para Quito luego de un 2024 marcado por apagones masivos a raíz de la sequía histórica que afectó su producción de energía y ante un escenario futuro incierto por los pronósticos que avizoran un duro fenómeno climático de El Niño para mediados de este año, que afectará a varios países de la región.
Asimismo, Colombia impuso un arancel de 30 por ciento a 20 productos ecuatorianos, como medida de reciprocidad ante la medida de su homólogo.
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Para bajar la tensión, las ministras de Relaciones Exteriores de ambos países, Rosa Villavicencio (Colombia) y Gabriela Sommerfeld (Ecuador), entablaron un diálogo que no prosperó ante la insistencia del gobierno Petro de mantener el arancel del 30 por ciento a algunos productos ecuatorianos y la decisión de demandar a Quito ante la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
En respuesta, Noboa aumentó la “tasa de seguridad” del 30 al 50 por ciento y, en medio de las posiciones de ambas administraciones de no ceder, una bomba ecuatoriana sin detonar fue hallada en la frontera colombiana, escalando la crisis comercial con Colombia a una de carácter político y diplomático.
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“Están bombardeándonos desde el Ecuador y no son los grupos armados”, dijo el 16 de marzo el presidente Petro en un consejo de ministros televisado. Por su parte, Noboa desmintió esa afirmación. Luego, una investigación interna del Ministerio de Defensa colombiano concluyó que se trató de un hecho accidental.
Pese al reconocimiento público por parte de Bogotá, las tensiones continuaron y se profundizaron tras una declaración de Petro en la que calificó de “preso político” a Jorge Glas, exvicepresidente ecuatoriano investigado por corrupción, que no le gustó para nada a Noboa, quien señaló ese comentario como un ataque a la soberanía de su país.
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Su respuesta no se quedó en meras declaraciones y anunció el aumento de los aranceles de un 50 a un 100 por ciento, llamó a consultas a su embajador en Colombia y suspendió el diálogo diplomático que se mantenía entre ambas administraciones.
Ante esta nueva situación, el presidente Petro planteó la posibilidad de que Colombia abandonara la CAN y habló de una medida de reciprocidad, pero en un consejo de ministros en Ipiales, ciudad fronteriza con Ecuador, dijo: “No hay aranceles al 100 por ciento (…) No somos tan tontos”, al tiempo que anunció una política de “subsidios y aranceles inteligentes” para los sectores productivos afectados por la guerra comercial.
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La actual crisis es la peor que ha vivido la relación bilateral de los países vecinos desde 2008, cuando el ejército colombiano, bajo el mando del entonces presidente Álvaro Uribe, bombardeó un campamento de las Farc en suelo ecuatoriano para dar de baja a ‘Raúl Reyes’, comandante de esa guerrilla.
* Con información de AFP
Publicado por Autor El Tiempo