A inicios de agosto, cuando arrancó de manera formal la campaña para las elecciones presidenciales brasileras que el domingo 4 de octubre tendrán su primera vuelta, el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, lucía indestronable, con entre 6 y 8 puntos de ventaja en la intención de voto de las principales encuestas, por encima del único contendor con opción, Flavio Bolsonaro, hijo del encarcelado expresidente Jair Bolsonaro. Los números indicaban que nada se interpondría en la reelección de Lula, quien, a punto de cumplir 81 años, ganaría su cuarto período presidencial.
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Pero en cuestión de semanas el panorama cambió. Lo único seguro ahora es que habrá segunda vuelta, y que será entre Lula y Bolsonaro jr., quien le está pisando los talones al mandatario para la votación de primera vuelta, con diferencias de entre uno y tres puntos según los estudios de opinión de la última semana, mientras en el escenario de segunda vuelta se ha puesto arriba en tres de los cinco principales sondeos.
Según la encuesta Quaest, divulgada por la red O Globo, el delfín Bolsonaro le gana a Lula 42 por ciento a 40 por ciento en un eventual balotaje. Un estudio de Atlas Intel para Bloomberg muestra un escenario aún más cerrado para esa segunda vuelta: Bolsonaro, 47,2 por ciento, y Lula, 46,8 por ciento. Un sondeo de PoderData también apunta a un cabeza a cabeza: Bolsonaro, 45,4 por ciento contra Lula, 44 por ciento. En cambio, la encuesta Nexus para BTG Pactual ubica a Lula arriba por un punto: 47 por ciento a 46 por ciento. Y la de Datafolha marca 46 por ciento para Lula y 44 por ciento para Bolsonaro. Se trata en todos los casos de empates técnicos, pues la diferencia siempre es inferior al margen de error de la encuesta.
El recorte de Bolsonaro es evidente. Hace un mes, Lula lo derrotaba en todos los escenarios y por una diferencia más allá del margen de error. En la encuesta de Atlas para Bloomberg, en agosto, para segunda vuelta Lula estaba arriba 47,1 por ciento a 42,6 por ciento. En 30 días, Lula perdió unas décimas mientras Bolsonaro trepó casi cinco puntos y se puso de primero. Si esa dinámica se mantiene en el mes que falta para la segunda vuelta del 25 de octubre, Bolsonaro hijo tendría con qué ganar la presidencia.
Flávio empezó su vida política a los 21 años, cuando se convirtió en diputado estatal de Río. Foto:Mauro Pimentel. AFP
Las malas cifras para Lula no se limitan a la intención de voto. Según Atlas, ante la crucial pregunta “¿Por cuál candidato usted no votaría en ningún caso?”, Lula va primero: 52 por ciento de los encuestados se negarían a apoyarlo. En cuanto a Bolsonaro, suma 50,2 por ciento. La polarización está clara, pero también que el rechazo al mandatario es mayor. Además, según la encuesta Quaest, la desaprobación a su gestión llega al 54 por ciento, contra 45 por ciento de aprobación.
Y un dato final: el tercero en discordia para la primera vuelta es el candidato derechista y libertario Renán Santos, con 5,1 por ciento en la encuesta de Atlas para primera vuelta. Y aunque Santos no es cercano a Bolsonaro, sus votantes, que son antilulistas, tienden a sumarse al hijo del expresidente para la segunda vuelta, un elemento clave para el balotaje.
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Los errores de Lula
La confianza que le daba el favoritismo en los sondeos parece haber llevado a Lula a cometer errores. El analista y politólogo argentino Claudio Fantini señaló hace poco: “Lula inició oficialmente la campaña electoral con una frase desafortunada (en la que) planteó una comparación absurda”. En agosto, cuando quiso defender su propuesta de aumentar el gasto militar, dijo: “Invertiremos en defensa para que nadie invada este país para llevarse al presidente”, en clara alusión a la operación de las fuerzas de seguridad de Estados Unidos que apresaron en Caracas a Nicolás Maduro, en la madrugada del sábado 3 de enero, y lo llevaron, junto con su esposa, a una cárcel en Nueva York.
Entre los jefes de Estado protagonistas de la ola rosa que dominó el primer cuarto de este siglo en América latina, Lula ha sido uno de los más respetuosos del Estado de derecho. Y, en esa medida, compararse con un dictador corrupto y ligado a las mafias del narcotráfico fue sin duda un desacierto.
Lula da Silva va por su cuarto mandato presidencial. Foto:EFE
No ha sido la única patinada. Ocho de cada diez brasileros tienen hoy un alto nivel de endeudamiento, y más del 30 por ciento de las familias han caído en impagos. El 11 de septiembre, Lula reconoció el padecimiento de los hogares, en un discurso en el que mencionó la carestía de productos como la carne. Pero luego planteó una solución que cayó mal: “Si no hay carne, comemos huevo; si no hay huevo, comemos arroz y fríjoles”. Las críticas le llovieron.
En sus campañas anteriores, Lula siempre fue capaz de vender esperanza en un futuro mejor, como cuando prometió “picaña para todos”, en referencia al asado de carne vacuna que hace parte de la cultura gastronómica de Brasil. Ahora vende austeridad: en las redes sociales, los bolsonaristas le han cobrado que pasó de ofrecer la rica picaña al sobrio plato de fríjoles con arroz, algo no muy esperanzador.
Como explicaba la semana pasada la analista Isabel Mega, a CNN Brasil, “el clima económico ayuda a explicar las cifras de las encuestas”. El mandatario lanzó el programa ‘Desenrola’, para que los hogares renegocien sus deudas a mayores plazos. Pero los resultados tardarán. Según Mega, el Gobierno “ya ha diagnosticado que la economía es el principal obstáculo, pero aún no ha logrado resolverlo de manera que se traduzca en una recuperación del presidente (en los sondeos)”.
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Bolsonaro hijo ha aprovechado la situación para responsabilizar a Lula y a su gobierno del deterioro del poder adquisitivo de los hogares. Y además, ha prometido reactivar la inversión privada por medio, entre otras medidas, de una reducción de impuestos no solo para las empresas sino para las familias, con el propósito de reanimar el consumo.
El tono del candidato opositor hace parte de su estrategia de posicionarse como ‘el Bolsonaro moderado’, una imagen que contrasta con el radicalismo derechista de su padre, el expresidente recluido en prisión tras ser condenado por impulsar un intento de golpe de Estado cuando, hace cuatro años, Lula le ganó las elecciones. “Siempre pidieron un Bolsonaro más moderado”, les dijo a un grupo de empresarios en diciembre de 2025, cuando posicionaba su candidatura. “Yo soy ese Bolsonaro más equilibrado, más centrado”, remató.
El candidato opositor es el primer interesado en transmitir ese mensaje de moderación. Sus estrategas comprenden que, en la segunda vuelta, a más del apoyo de los seguidores del aspirante derechista Renán Santos, para Bolsonaro hijo es clave recibir votos de la franja centrista del espectro político brasilero. Y esos votos de centro, que se alejaron de su padre hace cuatro años y se acercaron a Lula, pueden hoy hacer el recorrido inverso, atraídos justamente por la moderación que él busca exhibir.
Una mujer vota con su hijo este domingo, en un colegio electoral en Sao Paulo (Brasil). Foto: EFE
Más que una pose
Sóstenes Cavalcante, pastor evangélico, diputado y líder del Partido Liberal, una de las agrupaciones que apoyan a Bolsonaro hijo, asegura que esa moderación es más que una pose. En declaraciones hace pocos días al diario argentino La Nación, Cavalcante definió a Flavio Bolsonaro como “una persona más equilibrada y más articulada políticamente que su padre”.
Cavalcante no es el único evangélico bolsonarista. De hecho, una de las bases más sólidas del movimiento de derecha populista iniciado por Bolsonaro padre es justamente el cristianismo evangélico, una corriente religiosa que ha ganado muchos adeptos en Brasil. En 1980, apenas 6 por ciento de los brasileros declaraban ser evangélicos. Para 2022, el censo hablaba de 26 por ciento, cifra que se mantiene hoy en día. Unos son radicales; otros, más moderados, y como quiere conquistarlos a todos, Bolsonaro hijo ha insistido en un mensaje más equilibrado que el de su padre.
Flavio Bolsonaro nació hace 45 años en Resende, al oeste de Río. Licenciado en derecho, a los 21 años estaba metido de lleno en política y fue elegido diputado estadual de Río de Janerio, cargo que mantuvo durante cuatro legislaturas. Desde 2019 es senador federal. A fines de 2025 y tras la condena a 27 años de prisión contra su padre por la trama golpista de 2022, Bolsonaro hijo fue nombrado candidato presidencial en una carta que, desde la cárcel, hizo pública el expresidente.
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Su candidatura recibió pronto el apoyo de varios partidos que habían acompañado a su padre, pero la campaña estuvo a punto de naufragar en mayo, cuando salieron a la luz grabaciones de una charla telefónica que sostuvo con el banquero Daniel Vorcaro, un preso condenado por el mayor fraude bancario en la historia de Brasil. En la conversación, Bolsonaro hijo pedía al financista 134 millones de reales (US$ 26 millones) para financiar un documental biográfico sobre su padre.
Bolsonaro hijo sobrevivió al golpe y, como lo muestran las encuestas, se recuperó, entre otras razones, por el estallido de otros escándalos que han golpeado al lulismo. El primero determinó la caída del jefe de Gabinete de Lula, Marco Aurelio Ribeiro, y enlodó a Fabio Lula, hijo del mandatario y muy cercano a Ribeiro, en una trama de tráfico de influencias.
El expresidente brasileño Jair Bolsonaro tras someterse a pruebas médicas. Foto: AFP
Y el segundo afectó al juez Alexandre de Moraes, quien procesó y condenó a Bolsonaro padre por la intentona golpista. Mensajes de chat entre Moraes y justamente el banquero Vorcaro dejaron ver que el jurista asesoraba al financista y que, además, el bufete legal de la esposa de Moraes había firmado un millonario contrato con el banco de Vorcaro. Así se volteó la tortilla de un escándalo que primero golpeó a Bolsonaro hijo y ahora sacude a sus adversarios. Habrá que ver si la tortilla de las elecciones, que hasta hace poco favorecía claramente a Lula, se termina de voltear a favor de su contrincante.
MAURICIO VARGAS LINARES – Especial para EL TIEMPO
IG:@mvargaslinares – [email protected]
Publicado por Autor El Tiempo