Una tasa persistentemente alta de empleo informal se suele señalar como una de las causas de un desempeño económico inferior al esperado en América Latina y el Caribe. Hoy, aproximadamente la mitad de los 325 millones de trabajadores de la región carece de un contrato laboral formal, lo que significa que no están cubiertos por los programas obligatorios de seguridad social, las licencias remuneradas, los salarios mínimos ni otros beneficios. Muchos de los trabajadores del sector informal son independientes y representan, en gran medida, pequeños negocios familiares. O también son plomeros o electricistas que prestan servicios esenciales para la sociedad.
Una publicación reciente del Banco Mundial, ‘Racionalizar la informalidad: protección social, calidad del empleo y crecimiento’, analiza por qué debería preocuparnos la alta tasa de trabajadores independientes de la región y plantea una estrategia para fomentar una mayor formalización. Pero el crecimiento regional es mediocre: el mismo Banco Mundial prevé que el PIB de la región crecerá un 2,1 por ciento este año, después de haber aumentado un 2,4 por ciento en 2025, y se cree que la informalidad está relacionada con este fenómeno, tanto como síntoma de distorsiones y fallas de mercado subyacentes que requieren reformas como por la concentración de trabajadores en microempresas informales que tienden a tener una baja productividad.
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Los trabajadores independientes del sector informal desempeñan un papel fundamental en los mercados laborales de muchos países en desarrollo; como propietarios de pequeños negocios familiares con menos de cinco empleados, representan aproximadamente el 30 por ciento de la fuerza laboral de la región y emplean al 85 por ciento de los trabajadores informales. Un caso especialmente llamativo es el de Bolivia: alrededor del 60 por ciento de su fuerza laboral trabaja por cuenta propia, una de las tasas más altas del hemisferio.
Si bien estas cifras pueden generar cierta preocupación, en un contexto histórico y global, América Latina y el Caribe no tienen una proporción anormalmente alta de trabajadores independientes informales. Actualmente, las tasas de trabajo por cuenta propia van desde menos del 15 por ciento en los países avanzados hasta el 90 por ciento en países de África. En la región, la media está entre el 25 y el 70 por ciento. Es evidente que esta tasa disminuye de manera constante a medida que aumenta el nivel de desarrollo económico de cada país.
Informalidad en Colombia. Foto:Foto: Archivo particular / El Tiempo
América Latina sigue, en términos generales, la tendencia: Argentina, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Jamaica, Guatemala y México se encuentran en el nivel esperado o por debajo de lo que correspondería a países con su nivel de ingresos, mientras que Bolivia, Colombia, la República Dominicana, Ecuador, Panamá y Perú están muy por encima. A lo largo de la historia, el trabajo por cuenta propia en América Latina y el Caribe se ha mantenido más o menos en los niveles que registraban Corea y Japón cuando se encontraban en el mismo nivel de desarrollo y, sin embargo, crecieron.
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Los beneficios
Entonces, si no se debe a distorsiones y otras fallas del mercado, ¿por qué tantas personas trabajan por cuenta propia en la informalidad? Algo sorprendente es que una gran mayoría de los trabajadores asalariados de todo el mundo afirma que preferiría trabajar por cuenta propia. El International Social Science Program muestra que el 20 por ciento preferiría ser independiente en Bélgica, Finlandia y Noruega. Esa proporción supera el 70 por ciento en República Dominicana, México y Filipinas, lo que coincide, en términos generales, con la tendencia del trabajo por cuenta propia en función del desarrollo.
El estudio del Banco Mundial sostiene que esta tendencia en los países en desarrollo es el resultado del atractivo de las ventajas que ofrece el trabajo por cuenta propia frente al empleo asalariado. Los trabajadores señalan como razones para ingresar a este sector —el deseo de tener flexibilidad, independencia o ser sus propios jefes— las mismas ventajas que mencionan los trabajadores de los países avanzados; la diferencia es que, en América Latina, el valor de estas ventajas parece superar los salarios y beneficios del empleo formal para una proporción mucho mayor de la población.
Puede que administrar una taquería informal y propia sea preferible —en términos de autonomía, estatus e incluso ingresos— a la rutina agotadora de lavar platos en un restaurante formal. Los trabajadores independientes afirman que valoran estas ventajas en alrededor del 50 por ciento de sus ingresos efectivos, mientras que valoran los beneficios del sector formal muy por debajo de lo que estos les cuestan a trabajadores y empleadores.
Colombia es uno de los países con más informalidad en el continente. Foto:Archivo El Tiempo.
Esto no quiere decir que estos trabajadores sean prósperos o felices, sino simplemente que, entre las opciones limitadas para las que están capacitados, en el análisis de costos y beneficios favorecen el trabajo por cuenta propia. Y ese mismo cálculo se extiende al bajo valor que le atribuyen a formalizar sus negocios: si sus empleados son familiares y sus clientes son sus vecinos, solo quienes tienen las habilidades y aspiraciones para crecer —que son muy pocos— necesitarán crédito y servicios del Estado y, por tanto, estarán dispuestos a pagar para registrar sus negocios y acceder a ellos.
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Las reformas urgentes
Esta visión plantea una agenda de reformas urgente tanto para los responsables de formular políticas públicas como para los emprendedores. En primer lugar, es necesario elevar las capacidades en todos los niveles de capital humano y corregir una brecha crítica entre las habilidades disponibles y las que demanda el mercado laboral. Abordar las deficiencias educativas de larga data de América Latina y el Caribe impulsaría el crecimiento y, al mismo tiempo, permitiría una mejor articulación entre los trabajadores informales y empleos formales más productivos.
En segundo lugar, se necesitan reformas para aumentar el dinamismo del sector formal más allá de la falta de habilidades y que aborden las distorsiones de nuestro entorno empresarial que impiden el crecimiento. Los indicadores Business Ready (B-Ready) del Banco Mundial señalan la existencia de importantes distorsiones y fallas de mercado. Incluso las grandes empresas afirman tener dificultades para acceder al crédito necesario para crecer. En términos más generales, el reciente estudio ‘Recuperar el siglo de crecimiento perdido’ destaca la necesidad de que la región mejore su preparación para la adopción tecnológica y la innovación, aspectos que los ganadores del Premio Nobel de Economía de 2025, Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, han señalado como ingredientes fundamentales para el crecimiento.
También es importante revisar las regulaciones del mercado laboral. La evidencia reciente sugiere que, en niveles moderados, aumentar los salarios mínimos puede incrementar los ingresos de los trabajadores sin generar efectos adversos sobre el empleo, pero, a partir de cierto punto, desincentiva la creación de empleos formales y segmenta el mercado laboral. A diferencia de los trabajadores independientes, muchos trabajadores asalariados informales dicen que preferirían tener un empleo formal, pero no pueden encontrar uno.
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Por último, en muchos casos, la expansión bien intencionada de los sistemas de protección social —salud y pensión— reduce el valor implícito de la formalidad y de sus beneficios, y desplaza el análisis de costo-beneficio hacia la apertura o el trabajo en una microempresa informal. Garantizar que los trabajadores valoren los beneficios establecidos por ley, mejorar la eficiencia del Estado y abordar la protección social como un sistema integrado son aspectos clave para reducir el sesgo en contra del trabajo formal.
Desde una perspectiva de crecimiento y protección social, la región tiene muchas personas que trabajan por cuenta propia en la informalidad. El tamaño de este sector refleja las decisiones racionales de los trabajadores ante las realidades que enfrentan y, en ese sentido, es algo normal. Quizás de manera contraintuitiva, las políticas necesarias para reducir la informalidad son aquellas que no la atacan directamente: transformar de manera integral nuestros sistemas educativos, fomentar el crecimiento de empresas formales medianas y grandes y reformar los sistemas de protección social de manera integrada.
WILLIAM MALONEY (*)
Americas Quarterly
(*) Es investigador del Centro para el Desarrollo Global. Fue economista jefe para América Latina en el Banco Mundial.
Publicado por Autor El Tiempo